
me bajé en slevisjeko, el cementerio cerraba a las seis de la tarde. Acababa de terminar de leer " El periodista deportivo" de Richard Ford que me había cautivado con una lectura entretenida que en un principio parecía simple pero que desprende un mensaje real y claro "En la vida no hay temas trascendentales. Las cosas suceden y luego se acaban, y eso es todo"
Había cogido el metro desde la estación de mustek, después de dialogar sobre la Insoportable Levedad del ser de Kundera con un gallego cojo, que se sostenía en una muleta. Se ganaba la vida en la ciudad pidiendo limosna y sacándole el dinero a los españoles que visitaban su espacio al final de la plaza de Wenceslao. Hacía diez días que deambulaba por las calles buscando mi destino. Tres días antes se habia cruzado en mi camino Lora, una joven eslovaca que se dedicaba desde hacía dos años a enseñar a los turistas el subsuelo de Praga. Sus mazmorras y su tétrica historia. Estaba cansada, quería volver a su país.Praga la agobiaba, Praga le parecía triste,oscura, gótica, agotaba su espíritu. Me dio buenas señas para encontrar un libro que hablaba de la relaciónde Kafka y Praga. Lo encontré justo donde me había dicho. En la plaza de la ciudad vieja bajo una de las esquinas de la catedral de Nuestra señra de Tyn. Decidí leerlo en una terraza de la misma plaza. El día era espléndido me apetecía leer y estar al mismo tiempo en los lugares que pisó Max Brod y su amigo del alma Franz Kafka. Sentado en una de las terrazas, una chica a mi lado leía una guía de Chequia. Vestía una blusa de seda blanca y una falda larga negra con una gafas de sol negras a juego. Cuando el camarero se acercó apra cobrarle la cueta oí su voz.Era norteamericana. Me harté de valor y la abordé con una sonrisa cuando me miró, pero me devolvió el regalo cerrando la guía y dejando una propina de 50 cozecks. Caía la tarde y me dirijí al puente de carlos a travñes de la callee KARLOVA,Había hecho el mismo trayecto tres o cuatro veces cada día desde hacía una semana en dirección y vuelta del puente. Aquel puente que me atrapaba y que vivía inerte en mis sueños. Las estatuas frías, dando la espalda al gran castillo y al río uldaba mientras