domingo, 13 de septiembre de 2009
I
Hacía calor. Más del habitual en esta época del otoño. 45 grados a las 10.00 de la mañana, marcaba el reloj digital de la máscara. Me aseguré que la gabardina y los pantalones estaban completamente cerrados y adheridos a la piel.Los guantes también estaban indemnes. Una ligera abertura podría ser peligrosa para mi organismo. Solo me preocupaba desde Hacía dias una tos seca que se agravaba sobre todo, cuando aparecía el frío helado de la noche. Sin embargo mi cuerpo se había acostumbrado a los cambios graduales y radicales que habíamos exerimentado en el último decenio y la tos era algo muy común entre la ciudadanía del Ghetto. Todo había evolucionado. Recordaba cuando era un adolescente y aún podíamos jugar a pelota en la calle con un simple traje protector de dos capas. Miré hacia el sol y pensé que aún le quedaba 30 millones de años para enguñirnos aunque sin quererlo, ya lo estaba haciendo.
Volvía a casa después de un duro día de trabajo en la planta de reciclaje del Dome.Estaba contento. Había cobrado y me llevaba a casa una botella completa de Oxgen. Mi mente me regalaba un instante de tregua feliz pensando que podría darme un buen baño de aire puro y refrescar un poco la colmena. Pero antes debía visitar a un amigo en la droguería del centro. El guardía de la puerta estaba armado con una Th-Drx-3 de primera generación. Escaneó mi ojo con el visor laser de iris. No tuve nada que objetar ante el potencial de su arma, así que entré a la tienda tras enseñarle mi pase de sub-proletario de nivel-1. La puerta de acero se abrió ante mí y a lo lejos vi a Tíbor. Estaba ocupado. La tienda era alargada, rebosaba de clientes, parecía un antiguo mecadillo como los de principio de siglo. Hacía tiempo que no veía algo así. El ambiente estaba cargado de vapor de oxígeno reciclado que salía de unas rendijas del techo y que se mantenía en suspensión. Podía verlo porque
Volvía a casa después de un duro día de trabajo en la planta de reciclaje del Dome.Estaba contento. Había cobrado y me llevaba a casa una botella completa de Oxgen. Mi mente me regalaba un instante de tregua feliz pensando que podría darme un buen baño de aire puro y refrescar un poco la colmena. Pero antes debía visitar a un amigo en la droguería del centro. El guardía de la puerta estaba armado con una Th-Drx-3 de primera generación. Escaneó mi ojo con el visor laser de iris. No tuve nada que objetar ante el potencial de su arma, así que entré a la tienda tras enseñarle mi pase de sub-proletario de nivel-1. La puerta de acero se abrió ante mí y a lo lejos vi a Tíbor. Estaba ocupado. La tienda era alargada, rebosaba de clientes, parecía un antiguo mecadillo como los de principio de siglo. Hacía tiempo que no veía algo así. El ambiente estaba cargado de vapor de oxígeno reciclado que salía de unas rendijas del techo y que se mantenía en suspensión. Podía verlo porque
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